El congreso secundario se instaló el día miércoles 12 de septiembre; a alguna hora de la mañana, Graciela, en compañía de Gladis y Marianel, nos recogieron a Liliana y a mí. En cuanto tuvimos los maletines y esas cosas con logos y letreros alusivos a esos eventos de poca monta, entregados después de dejar nuestros nombres en la lista de anónimos asistentes, Gladis aprovechó para grabar el testimonio de nuestra presencia; tal como se desenvolvía nuestro Congreso, iba a ser imposible obtener esa constancia más adelante!! 
Allí posamos con pinta de congresantes cumplidas antes de salir a dar vueltas por ahí, a recorrer Mardel. Cuando paseábamos por Los Troncos, avisó Silvia que ya estaba llegando pero que necesitaba urgente la dirección de un taller de reparación ... porque se había desprendido la luna panorámica de su auto! En medio de todas las comunicaciones telefónicas, se gastó la bateria del celular de Graciela y ahí me gané un nuevo sobrenombre de parte de Marianel: "Minguito". Tal mote fue ocasionado porque mi natural modestia me mantiene convencida de que nadie se las puede arreglar sin mi aporte ;), consecuentemente con esa autoimagen, busqué muy juiciosa el número de Silvia y, al sacar los arrugados y desordenados papelitos (que, dicho sea de paso, aún conservo), escuché el apelativo; aunque solo me reí cuando me lo explicaron, ahora el recuerdo de la anécdota saca a relucir más sonrisas.
Solucionado el asunto de la luna, no precisamente gracias a los papeluchos de Minguito, cerca del mediodía paramos a probar un nuevo restaurante, Sun..queseyo nombre que jugaba con la pronunciación "San..." que mi neurona se negó a grabar, aunque por ella pasan ráfagas de recuerdos intrascendentes, como la curiosidad de Liliana por saber el nombre de un árbol con racimos de pelotas. En fin, el menú para nada fue especial, pero las deficiencias del chef fueron compensadas ampliamente con nuestras actualizaciones sobre la vida familiar de cada una; preguntas van, respuestas vienen, terminaron sazonando un pescado pasado de tiempo en la parrilla. De allí salimos veloces a ver si alcanzábamos a hacerle barra a la presentación de Aleida que estaba programada a las 14:00; vana ilusión el dichoso salón Topacio estaba de bote en bote, con chicos sentados en el suelo a lo largo del pasillo hasta la escalera. No nos quedó más remedio que partir hacia la sede principal a preparar nuestra sesión central!
Aquí, después de los consabidos mates, la mesa de protocolo del salón Comedor-auxiliar ya luce las infaltables botellas de López y casi todo está listo para dar inicio a la sesión.
Al lado, en el salón Comedor-asador, la conferencista principal prepara las ayudas audiovisuales ... qué lapsus congresus! ... quise decir gustovisuales, de su presentación magistral.
Claro que lo de audio también aplica, porque las manos en la masa no le impidieron participar en las deliberaciones de la mesa cuadrada, a ratos a prudente distancia y otros con presencia embadurnada, como pudimos verificar en las fotos de grupo un par de archivos atrás.
2 comentarios:
La verdad es que tantos momentos vividos se refrescan en cuanto leo el blog... me ha encantado todo, incluso acordarme de los cuentos de Graciela cuando expresa con sus manos lo que dice sin el audio. Me parece verla vestida con su traje de pizzera (sigue el gusto por ser terapista = bicho tuito vestido de verde)infundiéndole vida a la pizza con sus manos. Mmmmm delicias de esa sesión central de nuestro Congreso. Un beso a todas.
El suspenso alrededor del apodo "Minguito" está muy bien logrado... la autora aún confiesa no entender su propio apodo hasta oir la explicación. Explicación que es negada, de tajo, al lector. Pero total, su corresponsal aprendió, a través de entrevista virtual con la autora, que igual uno tiene que haber vivido en Argentina en el tercer cuarto del siglo pasado para poder entender la oscura referencia.
(hehehe... ésta me la va a cobrar más de una)
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